Es fácil estar de acuerdo en que la historia de
Stoker no es ni novedosa ni nos viene a descubrir nada. Sin embargo es la
manera en que su director Park Chan-wook nos describe las situaciones y los
personajes lo que hace la película digna de visionado.
Porque la película, que está llena de situaciones
que a priori en condiciones normales podrían parecer banales, aquí el director
Coreano consigue crear una incomodidad manifiesta en muchas fases del film. Y
eso es mérito en gran parte de él y en parte también de unos actores que están
a la altura de la situación. Tanto Wasikowska como Kidman están a la altura de
sus papeles en sus roles de madre e hija con una complicada relación. Quizás el
eslabón débil del trío es Matthew Goode, no porque este mal sino porque no
destaca tanto como las otras dos.
El otro detalle a destacar es la belleza de las imágenes;
una de las principales razones para quedarte enganchado desde el minuto 1 y que
se hace patente en la gran escena final.


